LAREDO, LA GLORIA DE UN VERDADERO GUERRERO


Laredo, ex Alado, comenzó  siendo un potrillo muy lindo pero muy complicado para entrenar y justamente eso fue lo que motivó que lo castraran.  Argumentar que hay caballos que si no son castrados, simplemente se anulan para correr y por ese camino transitaba el hijo de Muscovite y Paula María, nieto de la peruana María Garza.

Un caballo delicado pero de fuerte genio, que fue muy difícil de entrenar, puesto que entrenaba a su manera y cuando quería, pero eso no le impidió convertirse en uno de los caballos más grandes de nuestra hípica gracias, a la paciente labor de su entrenador Jorge Salas y de todo su equipo, que siempre lo supieron esperar.

LOS INICIOS

Y cuando pudo comenzar a correr, aún con los colores de Aries, probó al comienzo con algunas intermitencias, pero después con un aplomo que se hacía cada vez más importante, que era un gran corredor y además un gran guerrero.


Laredo aún falto, tuvo un mal debut en marzo de 1993, en no ganadores sobre 1200 metros en la pista de arena. Montado por Edwin Talaverano, sólo pudo llegar en el sexto lugar tras Perdón, Frutero, Constantin, Tyzoc, y My Croos, para afines de ese mismo mes, recuperarse y perder en la raya sobre Black Power, quien le sacó sólo medio pescuezo.


En mayo, el descendiente de Paula María, pudo salir de perdedores con Edwin Talaverano en su silla, cuando derrotó por 4 cuerpos a Sir Jordan, en el kilómetro, marcando 0´58”2/5. Y a finales de ese mes, volvió a la curva, pero sólo pudo llegar tercero tras Vion Queen, la corredora pupila del Lambeyeque y de Tentalera en ganadores de 1 sobre 1200 metros, con Ramiro Talaverano en su controles.

10 días después, obtuvo un esperanzador y espectacular triunfo, cuando despintó a Tucson, consagrado millero, precisamente en la milla del Premio Especial “Extrade”. El hijo de Muscovite, fue un verdadero espectáculo al sacarle más de 9 largos al momento de cruzar la meta y de paso había demostrado una gran actitud, dejando de ser un caballo desapercibido, por las actuaciones que había  demostrado en sus cuatro anteriores, colocándolo en un nivel de gran expectativa. Este triunfo fue el que le valió para ser adquirido por el stud Myrna y protagonizar un Derby Nacional en pareja con Mistic, en la que nunca se pudo hallar en el trámite de la misma, llegando en el último lugar, fuera de poste,  muy lejos de la ganadora Tía Gigi, que se consagraba en la Cinta Azul con la monta del chileno Pedro Cerón.

EL CÉSPED Y TRANSFORMACIÓN

Su llegada a la pista de césped fue espectacular porque consiguió triunfos contundentes  y además llenos de superioridad que lo elevaron directamente al primer plano. Su primera incursión en esta pista se produjo en una condicional, sobre 1800 metros que llevó el nombre de “Premio 51° Aniversario del Colegio de Contadores Públicos” y le sirvió para imponerse por más de 10 cuerpos sobre Juana La Cubana, actuando a entera voluntad y en un accionar que despertó elogios. Su faena se completó con la marca 2’01”3/5 que registró en una época en la cual la pista estaba un poco más lenta de lo que usualmente estamos acostumbrados apreciar.

Esa carrera lo colocó de inmediato entre  los rivales del “Gran Premio Nacional Augusto B. Leguía” con sus 2600 metros en los primeros días de agosto de aquel año. Laredo montado por Edwin Talaverano, ya era visto con una enorme importancia, concepto que corroboró cuando se le adelantó a un par de yeguas muy corredoras como  fueron Kiyo Ami, Noble Sharon, el hijo de Muscovite, regresaba triunfador.


Pasaron dos meses para que volviera a ser presentado, y cuando lo hizo el 9 de octubre en el “Premio Especial Tenaz”, sobre 2000 metros, terminó abrumando en 2’00”1/5, y dejando a más de 4 cuerpos a Artime, manteniendo y aún mejorando la producción que lució en la cuarta corona.

Hubo además un detalle importante. Laredo terminaba con dolores en sus bajos en las carreras  del césped, y fue por ello que su entrenador Jorge Salas le dio tiempo después del su triunfo en el Gran Premio. Y después que ganó el “Tenaz” las noticias fueron halagadoras, ya que indicaban que Laredo había quedado en perfectas condiciones.


Y después ya su marcha hacia el Carlos Pellegrini solo mereció la prueba de suficiencia de un clásico “Presidente de la República” en el mes de noviembre, que fue brillante, y nuevamente con Edwin Talaverano, batió el récord de la distancia, otra vez a lado de la yegua del Diego Andrés y de un pastero espectacular y valiente como lo era Ritmo Criollo.


EL CARLOS A. PELLEGRINI

Laredo ganó pero por un evidente cambio de línea en los últimos metros, lo tuvieron que distanciar, y su récord pasó con dos quintos más a Kiyo Ami, y ambos se fueron a Buenos Aires.

El viaje puso ser, exceptuando probablemente a aquellos pioneros de los años 50, uno de los más dificultosos que se recuerde con 35 o 36 horas de permanencia de los caballos fuera de los boxes, y Laredo llegó con un ojo cerrado, al estilo de aquellos boxeadores que son golpeados repetidas veces en un match de box, y con la incógnita de que si podía recuperarse o no.

Caballo lleno de potencia y con una salud a toda prueba, superó lo del ojo en un par de días, y cuando llegó el sábado esperado de la gran carrera sudamericana,  estaba para correr brillantemente.


Tuvo que pasar sin embargo, una etapa más que lo puso al borde del retiro. Furioso como lo era, no soportó estar en el vagón que los transportó de su stud al hipódromo mismo, por la falta de costumbre de los caballos peruanos en este tipo de transporte y cuando lo desembarcaron era la viva imagen de un caballo golpeado que difícilmente podía correr.


Felizmente llegó con él, la tranquilidad del maestro Jorge Salas, su preparador, quien después de ducharlo para quitarle la “fiereza”, se dedicó a ver qué podía hacer con el herraje que había perdido y con las heridas que se había hecho. Felizmente estas últimas no eran tan graves, sino, simples cortes y después Laredo se dejó herrar.

20 AÑOS DESPUÉS DE SANTORÍN


Cuando Laredo llegó felizmente al partidor, dejó atrás todo lo descrito. Y a lo igual que  Tenaz en el Pellegrini de 1973 quien pugnó fuertemente por la punta, Kiyo Ami la pupila del Diego Andrés, impuso su ritmo en la punta del lote lo que ocasionó que varios de los rivales que pretendieron seguirla, llegaran al final en los últimos lugares.  Mientras que Laredo venía un tanto enredado en todo el transcurso del recorrido, pero Edwin Talaverano, con toda su sapiencia, encontraba un claro por los palos, realizando una maniobra temeraria que lo llevo a sortear una muralla de rivales, a los que superó en forma zigzageante y a 200 de la meta, nadie lo paraba, mientras el brasileño Much Better atropellaba por fuera  como una luz, pero solo para llegar en el segundo lugar, delante del argentino Double Paid que superaba a el brasileño Sand Pit, completando el marcador Kiyo Ami a base de su gran nobleza, porque ella impuso parciales de categoría mundial.



Laredo con toda la gloria, obtenía un nuevo Carlos Pellegrini para el Perú, 20 años después de esa gran demostración de Santorín en 1973, tras una maestra y valiente actuación de su jinete Edwin Talaverano.


Y ese caballo que había pasado por todas esas cosas, superaba a Much Better y  Sand Pit, un par de “monstruos” brasileños que poco después demostraron al mundo hípico de lo que eran capaces, así de simple y así de extraordinario.


ESTADOS UNIDOS Y LESIÓN 


En Enero de 1997, lo llevaron a los Estados Unidos, y casi se muere porque se había comido “la cama” de la cuarentena de Miami. Perdió muchos kilos, pero poco pudo debutar llegando quinto de Paradise Creek en el Fort Lauderdale Handicap y luego alternó con los grandes del césped en el Bougainvillea Handicap (G.III), y llegó quinto lleno de problemas, y cuando parecía podía ya afirmarse como un caballo importantísimo, se golpeó una mano y lo tuvieron que parar.


RETORNO A LIMA

La lesión no fue simple y llego el regreso a Lima. Poco después, el mismo Laredo se encargó de demostrar a todos, del porqué había ganado ese Pellegrini
 Cuando reapareció ya en 1995, fue sólido, ganador y tremendamente capaz. Así, y aún falto, salió a enfrentar a los mejores del césped, en los 1800 metros del "Alfredo Benavides". Laredo conducido por Edwin Talaverano, no sólo ganó, sino que además gustó y fue incluso tan superior y tan buen caballo, que empequeñeció a destacados caballos clásicos como lo eran Mapuche y Defeater, tras 14 meses de ausencia y sólo con una preparación regulara base de piscinazos, porque se negaba a trabajar.


Luego llegaron los 2000 metros del “Miguel Checa Eguiguren” y dio cuenta de Noble Sharon, Mapuche, Sky Flight, Dantón y compañía en 2’00”4/5, para posteriormente ir a los 2400 metros del “Centroamérica” en setiembre, donde no tuvo contemplaciones derrotando a Danton, Julio André, Mapuche y Space Shadow , en una carrera donde corrió los 2400 metros sin reservas , en un tiempazo, igualando el récord que había impuesto Ritmo Criollo (2’26”64), pero se sabía que en rigor lo había superado, porque se corrió con baranda provisional, lo que significaba que los 2400 metros se “alargaban” a 2430 o algo parecido.


Y a finales del mismo mes, Laredo volvía a dar espectáculo, con su espectacular dominio del óvalo verde, en los 1600 metros de la “Copa de Criadores”, y con la suficiencia de los que, como él, eran verdaderos campeones. Talaverano no necesitó apurarlo, y el crack del stud Myrna llegaba de galope largo a la sentencia, con 4 cuerpos sobre Sky Flight y 10 sobre Milfordheaven, y con 37” de final, en una pista que no estaba para registros breves, pero poco después, se volvió a resentir y parecía allí su fin.

RETORNO A LAS PISTAS


Tras mucho tiempo Laredo retornó, ya en 1997, y produjo un par de extraordinarias exhibiciones. Los 1800 metros del “Coronel Francisco Bolognesi”, con la nueva monta de Ramiro Talaverano. Esta vez no tomó el comando desde la partida, dejando su jinete, que se desempeñara con total libertad, dominando el puntero El Arba, y de allí, un espectáculo ya que se separaba en parciales vertiginosos, cruzando el disco con más de 4 cuerpos a su favor, derrotando a Milfordheaven, Noble Sharon y El Arba, Sugar cane, Orense y Tamerlan.


Pero luego llegaron los 2000 metros del “Miguel Checa Eguiguren (G.III)”, que ella se valió a nuestro concepto, el título del mejor caballo del año y largamente. Porque Laredo nuevamente con Ramiro Talaverano, quiso correr y demostrar toda su enorme capacidad corredora, porque dejaba a más de 15 cuerpos a Sugar Cane, a 16  El Arba y más de 17 a Milfordheaven y Auto Sur, al momento de cruzar la sentencia.


Aquella tarde, las tribunas frías de Monterrico, se transformaron como atraídas mágicamente por el imán de un campeón y el público lo aplaudió a rabiar, pero se produjo otra lesión, y algunos meses después, el Dr, Renzo Traverso le tuvo que practicar una larga y delicada operación, que lo privó de viajar al Gran Premio Brasil que se correría en el hipódromo de La Gavea.


SUS ÚLTIMAS ACTUACIONES

Ya en Junio de 1998 y con 8 años encima, Laredo con Ramiro Talaverano, jinete que logró dominarlo, volvió como siempre, entrenándose a su manera, producía otro milagro y ganaba de punta a punta los 1800 metros de un nuevo “Alfredo Benavides”, sobre el Arba y Manhattan.


Un mes después, Laredo con Alfredo Clemente que llegaba por primera vez en su silla, daba cuenta del El Arba, Frazer, Sahiya, Mama Ucha y los demás por más de 1 cuerpo, en los 1800 metros del “Guillermo Noriega Ballester” en 1’41”4, siendo esta su última actuación ya que una nueva lesión le volvió a aflorar.


CONSIDERACIONES


Laredo hizo solamente lo hacen los caballos extraordinarios  y él lo fue sin lugar a dudas. Caballo de fuerte genio, muy difícil de entrenar, pero cuando pisaba la pista, se transformaba en un verdadero “león” que lo hizo crack indiscutido, con un estupendo Carlos Pellegrini de por medio, en donde fue capaz a pesar de los inconvenientes antes y durante la carrera, de adelantar a caballos de verdadera categoría. Un caballo que entró de lleno a la historia y se convertió, sin discusión alguna, en uno de los mejores caballos que produjo nuestro turf.

EL PEDIGREE





LA CAMPAÑA






EL VÍDEO