PERTINAZ: EL PRIMER GRAN POSTIN

Pertinaz (Postín y Parlanchina) fue el primero de los grandes hijos de Postín. Cuando se vendió, él y sus cuatro hermanos, en el recordado por los hípicos de antaño, Ring de Ventas de la avenida Ortiz de Zevallos a la vuelta del hipódromo de San Felipe, no sólo se llenó, como relatan las crónicas de la época, sino que estuvo rodeado de general expectativa, porque eran los primeros descendientes de un caballo que había hecho historia en nuestro turf como Postín. 

Y además, se sabía de la gran crianza del haras Chillón y de sus muy buenas madres.

Pero toda esta expectativa se produjo en precios muy destacados para la época, se vio superada cuando Pertinaz, Martell, Postinovich y Pandero, que eran los cuatro potrillos, y Pamela, que era la única potranca, comenzaron a correr.

Pertinaz era quizás, el potrillo no diríamos más llamativo, porque Martell, el hijo de Mariana, era un lindo castaño como cuentan los entendidos, pero sí es el que ya tenía línea de animales con indudables resultados.

Cuando se vendió en Octubre de 1950, Pertinaz tenía una hermana materna, la gran Parlera, que era ya en esos momentos, destacada ganadora clásica y ya considerada la mejor yegua de su generación. Parlera había ganado a Tropicana y Artera en los 2000 el Cotejo de Potrancas, guiada por el recordado jinete Rodolfo Pastor.

Fue precisamente Don Juan Magot quien adquirió a Pertinaz y a Pamela, mientras que el stud Ica compraba a Martell, el Pasamayo a Postinovich y el Don Santiago a Pandero.

UN CAMPEÓN SIN CORONAS

Los Postines comenzaron arrasando y Pertinaz, tras perder en su debut ante El Mago en su condicional de 1100 metros con Oscar Bravo, comenzó a mostrar calidad e inició su histórica campaña.  Le ganó a Gran Duque en 1100 metros, luego a Texas a quien aventajó por más de un largo y fue récord horse de los 1500 metros con 1’28”4/5 cuando derroto justamente a Martell en el “José Olaya” previo a la Polla y luego no pudo correr la primera Corona porque le salieron cañeras.

 Retornó algo falto en el “Ricardo Ortiz de Zevallos” y lo ganó con lo justo Martell, ante creemos, una mala conducción de Oscar Bravo, y cuando todo apuntaba para su consagración, hubo nuevamente apuro y nervios en Bravo y llegó Chantilly que lo sometió muy cerca de la meta del Derby Nacional.

SUS GRANDES TRIUNFOS

Pero luego Pertinaz no supo lo que fue perder. Las revanchas sobre Martell y luego sobre Chantilly, en los 2400 del “Baldomero Aspíllaga” y los 2200 de en el “Miguel Checa” respectivamente, que fueron sensacionales y todos se rendían ante un gran corredor que, además era un valiente.  Luego llegó la anécdota, ya que obtuvo dos victorias por “Walk Over”, en los 2700 metros del “Augusto B. Leguía” y en los 2800 del “Ciudad de Lima”, ya en enero de 1952.

Se lesionó de la entrecuerda de la mano izquierda y luego retornó dos años después en el 53, tiempo en el cual, aparecía Guignol que se había apoderado del cetro de las pistas. Y tras tres victorias consecutivas La primera de ellas sobre Underworld, marcando 2’00” para los 2000 metros, ya con la nueva monta de Antonio Vásquez. 

Luego derrotó por 5 cuerpos a El Mago en los 2000 del “Alfredo Benavides”. Ya se palpitaba un duelo entre Guignol y el hijo de Parlanchina. Pero previo a esto, en junio, Pertinaz volvía a aventajar a El Mago en el clásico “Amancaes”.

HISTÓRICO CLÁSICO LA COPA DEL 53

Es así como Pertinaz fue a buscar a Guignol, el líder y además gran caballo de la siguiente generación de Pertinaz en el clásico “La Copa” que fue histórico, ya que estos dos grandes caballos hicieron una competencia que revolucionó Lima y a toda su gran afición y de la cual se habló y se seguirá hablando, porque reunió todos los factores para que así fuera.

Eran dos caballos líderes que tenían su propia hinchada y además que eran peruanos y se constituían de alguna manera en los herederos de los campeones importados que dominaron todos, o gran parte de los grandes clásicos de la década de los 40.

Además de que era un momento especial en la campaña de ambos, porque uno era Guignol, que era más joven con sus 4 años por cumplir que se había enseñoreado como el mejor de la pista. Y este Guignol, en diciembre de 1952, se le atrevió a los mayores con la monta de Carlos Cruz y terminó ganando un gran “Jockey Club del Perú” a Parlera en 3000 metros. 

Los que los acompañaban, eran caballos que también podían dar espectáculo. El Mago había sido la escolta de Pertinaz en sus dos últimas carreras, y Ali Khan, juvenil como su hermano Guignol, lo había ganado en el Derby y había perdido luego el Gran Premio y se le consideraba menos que su hermano, pero era un caballo de nivel.

Los jinetes tanto de Guignol como de Pertinaz, tenían de por medio, una especial rivalidad. Uno era un chileno consagrado como Antón Vásquez, y el otro, un peruano muy capaz, ya considerado como estrella como lo era Rodolfo Pastor, al que muchos, según nos cuentan, querían verlo ganador.

La rivalidad se trasladaba a los padres de ambos ejemplares. Pertinaz era hijo de Postín, un argentino campeón y para muchos, “nacionalizado” peruano, y Guignol era descendiente de un lujoso  padrillo inglés como era Shere Alí.

Hubo además, algo muy importante. 1953 era un buen año y era una ciudad pacífica y acogedora que disfrutaba de sus grandes espectáculos. Y también había dinero y nadie podía quejarse de no poder llegar a San Felipe para aplaudir a sus campeones. 

Y finalmente, creemos, hubo otro factor adicional. En ese entonces, solamente se corría los domingos y todo giro entorno a esa carrera.

Cuentan las crónicas de la época, que San Felipe estuvo lleno por sus cuatro costados y que la conmoción de la cita, despertó el nerviosismo de muchos aficionados.

DRAMÁTICO FINAL
  
Guignol era el puntero y además, gran puntero, y Pertinaz estaba en la obligación de seguirlo. De hecho, Antón no tenía otra fórmula sino la de tratar de imponer el coraje de su alazán a los grandes medios de Guignol, que podía tener su talón de Aquiles en la fricción, porque así como Pertinaz se había consagrado luchando y exponiendo coraje, Guignol había perdido algunas difíciles, aunque sus partidarios señalaban y con razón, que esas derrotas habían sido cuando aún el Shere Alí estaba nervioso y malgeniado.

Por fin llegó la carrera y Guignol salió al frente como era de esperar, pero Ali Khan reemplazó en los primeros 300 a Pertinaz y se le puso a medio cuerpo, mientras que el Postín quedaba tercero y El Mago cerraba la marcha.

Así giraron el primer codo en ingresaron a la recta final por primera vez. Ya Pertinaz estaba segundo y cuando pasaron frente a la meta ante el griterío del público, Guignol le llevaba poco más de un cuerpo, y la carrera ingresaba a un momento crucial.

En la subida, o sea cuando faltaban 1200, Pertinaz tenía que irse con todo a Guignol, y Vásquez preparaba el ataque, que por otra parte era esperado por muchos. 

Y así llegó el avance seguro y firme de Pertinaz que se acercó al puntero y lo igualó, comenzando la pelea y separándose ambos de El Mago que ya dejaba último a Ali Khan. 

De los 1200 a los 800 corrieron juntos, pero poco después, Guignol se separó y Pertinaz pareció batido. En el codo, los hinchas de Guignol comenzaron a gritar casi seguros de la victoria, pero en esos momentos El Mago avanzó sobre Pertinaz y Vásquez le pidió el último esfuerzo, y así el Postín hozo el cambio de mano y se fue otra vez sobre Guignol.

Ya en el derecho, Guignol le llevaba un par de cuerpos a Pertinaz, pero cuando Pastor le pidió el esfuerzo, no salió como se esperaba y más bien Pertinaz siguió parejo reclamando la victoria que volvía a aparecer factible. Y así, lenta, pero de manera segura, se fue acercando y lo dominó poco antes de la meta, para sacarle un pescuezo oficial, sobre El Mago tercero a medio cuerpo.

El retorno de Pertinaz fue apoteósico, con Antonio Vásquez saludando al público, con don Juan Magot esperándolo en el círculo de ganadores y con una ovación tremenda de todo el hipódromo, como e contó mi padre, hincha acérrimo de Pertinaz.

Había ganado no sólo un campeón sino un gran valiente, llevado de la mano por un jinete que no cedió nunca y que estaba ingresando a la historia de la hípica peruana. Y había perdido también un gran caballo.

Pertinaz no pudo correr más. Y Guignol cambió de jinete y siguió siendo todo un campeón hasta fines. 

Pertinaz fue un grande, que impuso su coraje a pesar de lo delicado que era, y que abrió, porque no decirlo, una etapa de gran afición hípica, donde preponderó el espectáculo. Un caballo cuyo recuerdo se largó vía Pérfida, Perigord y especialmente Perinox. Entre los tres sumaron triples Coronas, Derbys y grandes clásicos y un internacional, le primero que logró un caballo peruano con colores peruanos, fuera del país.