LOS QUE NACEN CON ESTRELLA Y LOS OTROS…


Hay caballos que nacen con estrella. Porque sus padres tienen abolengo o grandes campañas que lo respaldan. Ellos son cuidados y también mimados desde sus primeros pasos. El criador es al primero que mira cuando va al haras.

Esos caballos crecen entre miradas y comentarios favorables y cuando llegan al ring de ventas constituyen la atracción principal.

Los otros corren distinta suerte. Pasan prácticamente desapercibidos desde que nacen. Y si bien reciben cuidados y el mismo entrenamiento de los engreídos, muy pocos o casi nadie repara en ellos. Si están un poquito gordos o muy flacos, si tienen un pelo lustroso o no. Los hay quien terminaron sus campañas siendo muy populares, porque marcaron casos de anécdotas, y los hay también que, teniendo muy buenos antecedentes, pasan peripecia y media cuando pequeños, llegando al entrenamiento sumamente atrasados.

CAPUIRONE: EL CABALLO DEL PUEBLO

En 1950, lo bautizaron como el caballo del pueblo, hijo de Siete de Blanco y Mundana, pocos creían que llegara a ser de los mejores de aquella generación de Insuperable y de Pavero. De Parlera y de Refijo.

Pero Capuirone, adquirido en modesta suma, hizo noticia desde que debutó. Y mereció comentarios elogiosos y humanos. Y se metió al público al bolsillo, con su pelaje tordillo. Era el caso típico del caballito pobre que se oponía a los campeones y a los cracks de abolengo. Capuirone les hizo guerra y les dio batalla.

Así Capuirone llegó a escoltar a insuperable en el Ortiz de Zevallos, pero no pudo correr en el Derby, simplemente porque no lo habían inscrito.

PELAYO, OTRO CASO ESPECIAL

Un caballo argentino hijo de Envión, sin un físico especial, pasó desapercibido cuando don Esteban Daranyi lo compró para el stud San Esteban. Y cuando comenzó a ser trabajado, la desilusión fue total. Pelayo siempre llegaba último. Siempre trabajaba muy mal.

“No es de carrera” se decía. “De donde lo habrán sacado para que sea tan malo” y muchas otras frases para que resultan comunes cuando los hípicos aprecian a un animal que siempre es cola y nunca puntero.

Entonces se olvidaron de Pelayo. Y como el castaño tenía muy buena salud y resistencia, lo emplearon como caballo de silla. Es así como se le denomina a aquellos animales generalmente terminados para correr, que acompañan a los potrillos, que los enseñan a galopar. Donde aprenden los muchachos del corral a montar. Que en esa época, los años 50, servían hasta para hacer recados. Y que por supuesto comen las sobras de sus hermanos que están en pleno entrenamiento.

Pues bien, así estaba Pelayo, cuando hubo un festival en el día de los Profesionales del Turf y en una carrera faltaron inscritos e inscribieron a Palayo. Y Pelayo ganó. Volvió a presentarse otra ocasión parecida y Pelayo volvió a ganar.

Por ese entonces, Pelayo ya era de Carlos Pianezzi y él, como dueño y preparador, se animó a inscribirlo. Y Pelayo, ya tenía 6 años y nunca había corrido oficialmente, volvió a recibir los cuidados de sus compañeros. Y cuando debutó, ya había expectativa por verlo. 

Pues bien, Pelayo inició una racha que lo llevó, desde ese oscuro rincón donde nadie lo veía, a ser centro de mirada de todos los aficionados. Porque ganó muchas carreras y porque terminó en un lugar destacado en la tabla de hándicap. Y así entró a la historia.

Pelayo corrió por el stud Calquín cuando ya había cumplido 6 años y luego por el stud San Esteban, un total de 27 carreras, de las cuales ganó 9. Con cuatro segundos y cuatro terceros.

GAMONAL

En 1953 corrió la Polla de Potrillos y estuvo por momentos en la punta del lote para luego no figurar. Se llamo Gamonal, un hijo de Despiadado y Salamera, que con el pasar de los años, mantuvo una enorme regularidad y se hizo famoso.

Porque Gamonal corría casi todas las semanas y exhibía una salud espectacular que lo ayudaba para seguir adelante. 

Recordemos la fecha de su inicio, 1953. Ocho años después, nada menos, estuvo en la partida del clásico internacional América y cotejó nada menos que con la argentina Enea y con el uruguayo Epsom Park, con Troika, la madre de Flor de Loto, con Lydia, el argentino Moliere, el valiente Casband y muchos más. 

A Gamonal lo alistaba Alberto Balbuena, quien lo había tenido desde 1958, y llego metido en el medio del lote, mostrando que pese a los años, mantenía su calidad.

Este Gamonal fue símbolo de aquellos años y llegó a ganar 24 carreras, 31 segundos, 30 terceros, 41 cuartos y 52 quintos. Y llegó a correr 178 carreras, cuando tenía 13 años.

OJO MÁGICO

Cuando se menciona a verdaderos cracks del pueblo, es imposible no nombrarlo. Ojo Mágico, más conocido como “El Tuerto” por su falta de un ojo, se trató de un verdadero caballo para la lucha, que nunca desentonó y que siempre estuvo metido en el primer lote de Monterrico. Hijo de Tufthunter y Chesnut, comenzó a ser figura cuando escoltó a Perinox en la Polla de Potrillos de 1961 y luego convertirse en un destacado ganador clásico, en una campaña que se prolongó a lo largo de cuatro temporadas, con 134 carreras de las cuales ganó 11, siete de ellas clásicos: El José de San Martín; Competencia; José Baquíjano y Carrillo, Baldomero Aspíllaga en gran carrera ante Gruñido; Enrique Meiggs; Miguel A. Checa y el Augusto B Leguía en un memorable y dramático final con la monta de Jaime Cacho, cuando ya tenía 7 años de edad. Obtuvo 23 segundos lugares, 17 terceros, 14 cuartos y 8 quintos.

Definitivamente un caballo muy querido por la afición y que merece una crónica entera. El “Tuerto” defendió los colores del stud Mesa Uno

SULTÁN JUNIOR

Sultan Junior, es un nombre casi obligado para el recuerdo. Un caballo argentino hijo de Singapur y Marimonia, que llegó a ganar bajo la batuta de Alberto del Solar, nada menos que 33 carreras, con 32 segundos, 38 terceros, 27 cuartos y 14 quintos y a correr nada menos que 204 veces.

Y como Gamonal y quizás más que el hijo de despiadado, Sultán Junior fue un caballo clásico y vencedor, entre otras, del clásico Velocidad. Aquella tarde este noble corcel, daba tremenda sorpresa al vencer claramente a Férvido, My Dolly y Girondelle. Fue una tarde muy recordada, ya que en su silla estuvo Gonzalo Rojas, quien se doctoraba como jinete. 

En su época, los años 65 en adelante se corría más veces y su físico resistió. El corrió hasta los 10 años.

Sultán Jr., fue un caballo clásico hasta viejo y corrió con Aristeo y varios brillantes velocistas de su época. Está demás decir que Sultán Junior fue un caballo con historia y con hinchas que lo aplaudieron hasta el final.

PIRANDELLO

Un alazán hijo de Tufthunter y Pincelada del stud San Lázaro, se hizo famoso porque corrió muchas veces en un año. Le pudimos contar en el 65, cuarenta carreras, lo que marcó en esa época un verdadero récord.

Pero luego tuvieron mejores registros Trenza de Oro que corrió 44 veces en el 79 y 41 en el 80. Y Jack Jhonson lo hizo 37 veces en el 85 y 47 al año siguiente. 

El abono de Pirandello, como sucedió con Gamonal y Sultán Junior, es que fue un caballo que siempre corrió en lotes que siempre fueron importantes. Y eso tiene sin duda, mucho mérito.

TRENZA DE ORO Y JACK JHONSON

Posteriormente, hay que referirse a dos ejemplares que fueron verdaderos héroes que fueron muy recordados, que fueron batiendo récords de carreras corridas. 

Una de ellas fue la alazana Trenza de Oro, hija de Forst Duke y Tula, por Tufthunter que fue vendida muy barata, porque pareció roncadora, a Miguel Arteta y corrió hasta los 12 años, nada menos que 277 carreras. Trenza de Oro ganó 26, con 30 segundos, 38 terceros, 32 cuartos y 27 quintos. 

Y cuando parecía muy difícil que superaran esas 277 carreras, apareció Jack Jhonson, un hijo de Jimmy Cannon y Picada, que también actuó hasta los 12 años, pero con la diferencia que corrió 307 carreras, de las cuales ganó 26, con 31 placés, 35 terceros, 39 cuartos y 30 en el quinto lugar.

Hubo pues, muchas carreras corridas por Jack Jhonson y de Trenza de Oro, sobre Sultán Jr. y Gamonal que estuvieron viejos en el primer lote o muy cerca de él.

La yegua de La Negrita y el castaño que terminó perteneciendo al recordado Turfman Jorge Morzán, lo hicieron en los últimos números de la tabla de hándicap.

PAUL

Paul, un hijo de Presto y La Clavados que se retiró, después de haber disputado 338 carreras, marcando un récord en la época.

Nacido un  20 de Febrero de 1979, e integrante de la generación de 1982 de Tattoo y de otros corredores, Paul llegó a ganar en la temporada 1982, cuando tenía 3 años, el clásico Santa Rosa de Lima sobre la milla, y estuvo bien considerado entre los integrantes de su año.

Pero el tiempo fue pasando, y Paul ya se fue quedando para terminar a los 13 años completando un récord de permanencia  y que lógicamente invita al recuerdo de otros caballos como él.

EL VELOCISTA

El tema de El Velocista da para muchas carillas y se merecen por lo menos un par de columnas, lo cual haremos más adelante, porque escribir sobre él es un tema apasionante, ya que su campaña estuvo llena de anécdotas. El pareció en Monterrico un 8 de Julio de 1990, con las sedas del stud Los Hermanos y la preparación de G. Cueva en los recordados clásicos de Provincia. Hasta ese entonces, era un ganador de 9 carreras en el desaparecido hipódromo de Santa Victoria en Chiclayo. 

Hijo de un velocista de nota como Paste Up y Greeting, por Good Time, con el transcurrir del tiempo se transformó en un ejemplar que alternaba en el primer lote de los velocistas hasta correr memorables carreras de hándicap. Y como una historia de cuento de hadas, este tordillo logró lo inesperado, ya que fue bi campeón internacional.  La primera de ellas, los 1000 metros del Gran Premio Internacional Bebidas Concordia, corrido en setiembre de 1993, en Chiclayo y su consagración al ser el indiscutible vencedor del Gran Premio Internacional “América” (G.I), corrido en el hipódromo de Monterrico,  en octubre del mismo año. Fue representante peruano en la recta del Anzué de San Isidro. Y luego cuando ya competía en carreras de hándicap, en setiembre del 96, le ganó a una camioneta 4 x 4, en la que fue un hecho muy singular.

El Velocista corrió hasta los 11 años,  y corrió en Lima en 128 ocasiones, logrando 30 victorias, 18 segundos, 15 terceros, 10 cuartos lugares y 14 quintos lugares.

EL PROVINCIANO

Fue un verdadero crack del pueblo. No tenía nada extraordinario y peor aún por su descendencia. En efecto, era un hijo de Chiquetete, un hijo de Flaminio que había ganado ocho carreras en hándicaps, y algunas figuraciones clásicas. Su madre Mi Chochera, fue una yegua que nunca pudo ganar en Monterrico, pero que tenía como padres a muy buenos ganadores clásicos con Vinicio y Zoilita. Pero con el transcurrir del tiempo, se convirtió en una verdadera máquina corredora, manteniéndose siempre en el primer lote clásico de Monterrico. Es así que supo ganarse los clásicos Belisario Sosa Artola; Hipódromo de San Felipe; Manuel Químper; Ricardo Ortiz de Zevallos (G.I); Hipódromo de Monterrico (G.II); Enrique Meiggs (G.III); Alfredo Benavides; Ernesto Ayulo Pardo (G.II) en dos ocasiones; La Copa (G.II); el clásico de los Criadores; Jockey Club del Perú (G.I); Manuel Checa Solari y Asociación de Periodistas Hípicos.

Alguna vez el Dr. Alfredo Chirinos Rebaza, gran turfman, escribió refiriéndose a El Provinciano: “Su fenotipo revelan en él un mosaico genético que si bien es fruto del azar, ha resultado una obra de arte de la naturaleza, una verdadera artesanía hípica, lindante con la filigrana. Un cocktail genético de Chiquetete con Mi Chochera y zás!!, nació El Provinciano, un chispazo al estilo Tesio”.

El Provinciano corrió en 23 ocasiones, con 15 victorias, 14 de ellas clásicas, tres veces segundo; dos terceros y dos cuartos lugares. Un verdadero campeón.

Y con ellos Ritmo Criollo, estupendo caballo que ya relatamos su campaña en esta página, Bitol J y muchos más. Pero unos y otros han quedado como aquellos ejemplares que, como dicen muchos aficionados, se inscribían solos. Y los que contribuyeron por años a llenar los programas. Y consecuentemente, a hacer espectáculo.