EL GRAN LEGADO EN NUESTRO TURF: AUGUSTO FERRANDO

El gran Augusto Ferrando el día que Monterrico se llenó para aplaudirlo, un año antes de su sensible fallecimiento. “El Negro” fue un narrador de categoría internacional y un comunicador que hizo mucho por nuestro turf.

Cuando Augusto Ferrando hacía periodismo hípico de los buenos, tenía la costumbre de ir todos los lunes y viernes desde muy temprano a tomar el tiempo y no sólo transmitía las carreras desde el hipódromo de San Felipe, sino que también tenía un programa los viernes y escribía una página entera de hípica en un diario de aquella época. 

Un día, cuentan, en una mañana en la que trabajaría Pirulín, que se alistaba para correr el Derby Nacional de 1954, Augusto notó que Pirulín, tenía una respiración que no era normal y cuando se anotó la Cinta Azul, dicho sea de paso, el primer hijo de Postín en hacerlo, aflojó ligeramente en los últimos 200, le pregunto a Raúl Salazar, el jinete del hijo del pupilo del Pasamayo, si le había sentido algo. Salazar afirmó lo que pensaba Ferrando y la gente del hipódromo ya presagiaba. En efecto, Pirulín con el pasar de los meses ya fue un roncador nato que vio por ello truncada su campaña. O como no recordar,  el suplico de Ferrando, ante el presagio de la lesión fatal del gran Río Pallanga, recibiendo el rechazo de un gran sector y arriesgando inclusive, su carrera periodística al mencionar que si el pupilo del Antonio Chopitea cruzaba la meta del Jockey Club del 56, el no transmitiría mas. Y no se equivoco. 

Esa fue, la de los años 50, la gran época de Augusto como locutor y además periodista hípico, y fue poco después, ya en Monterrico, que surgió “La Peña Ferrando”, que se hizo en el quinto piso del hipódromo, y ya Augusto dejó de ir a los aprontes, pero no se olvidó, de sus caballos y fue un extraordinario comunicador social de todo lo que era hípica, al público que no era aficionado. Allí fueron muchísimos artistas, unos más importantes que otros, incluida Lucha Reyes, a una peña que, por la trascendencia que fue tomando, superó las transmisiones hípicas para llegar a los teatros. 

Pero ese no es el tema que queremos tocar, Ferrando con enorme sintonía transmitió el cariño a los caballos a toda una generación que creció escuchándolo narrar con su característico estilo que fue haciendo toda una escuela, no sólo en el Perú, sino, también en el extranjero. Y porque fue el mejor, aún con dos grandes como Don Raúl Serrano y Federico Roggero, locutor hípico que hemos conocido.

Y entonces Augusto hizo que Río Pallanga, Pertinaz y Pamplona salieran de los muros del hipódromo de San Felipe para llegar a la gente que no sabía de hípica.
Y así Augusto Ferrando se hizo símbolo de lo que era comunicar la hípica y fue todo un verdadero espectáculo cuando comenzó a transmitir en el extranjero. La hazaña de Pamplona en 1960 en San Isidro cuando lo transmitió desde el techo del hipódromo porteño, con un viento bárbaro que se llevaba todo por delante.

Y después llegó Perinox en el hipódromo de Chile y todos los años sesenta, hasta que se hizo el fenómeno de Maidenform y Ferrando transmitió un sensacional Dardo Rocha y poco después ya fueron Flor de Loto y Santorín en Palermo.

Ya en los setentas, Augusto se llevaba al hombro toda la sintonía de Lima en sus programas de televisión y con ellos llevaba también su pasión, que fueron los caballos de carrera a la gente. El Latinoamericano de Lutz en La Rinconada, cuando lo transmitió prácticamente desde la tribuna, y a Galeno en Lima, podríamos decir que él fue el artífice directo de que Monterrico se repletara, cuando terminó su transmisión diciendo: “Acuérdate viejo lindo que eres hijo de Santorín”.

Ya era, hacía mucho tiempo, muy popular su frase “Para todo el Mundo” que era  el grito que aseguraba un triunfo de algún caballo cuando faltaban varios metros que este llegara a la meta y por eso es que aún, 43 años después, emociona de sobremanera escuchar”¡Que grande Santorín…Santorín para todo el mundo!, cuando el extraordinario negro del Barlovento se acercaba victorioso a la meta del Carlos Pellegrini en 1973.

Augusto Ferrando con el plato recordatorio que le dieron los directivos del Jockey Club, en su homenaje en 1998. 
Y por Ferrando, y por Pocho Rospigliosi, que fue que Santorín pesó más en la conciencia popular que Laredo o Fregy´s, y por Ferrando fue que los caballos tuvieron una extraordinaria publicidad, nos afirmamos en esto.

Esa es nuestra modesta opinión, el gran e inolvidable aporte de Ferrando al turf peruano. Y es muy cierto que Augusto Ferrando se crió entre caballos. Fue hijo de Santiago Ferrando, nada menos que el preparador de Augusto B. Leguía, que siendo Presidente de la República no dejaba de ir ningún domingo al hipódromo de Santa Beatriz porque además de ser gran aficionado, era propietario del stud Alianza y los caballos del presidente alistados por Santiago Ferrando lideraban la estadística. 

Entonces con las ganas que le ponía, no tuvo fronteras de radios y canales, el transmitía por una radio e ingresaba para la carrera, Radio Programas del Perú, y en 1986, cuando Augusto era ídolo de Panamericana Televisión, se transmitió el Derby de Mi Colorao por América Televisión, canal 4 y lo transmitió por ese canal.; y así varios casos, El Latinoamericano de 1988; o el Internacional de Misilero en 1989, vía el canal del estado, el 7.

Por eso creemos que probablemente en la hípica, Augusto vivió sus momentos más felices, y hasta estamos seguros que su aporte, serán las grabaciones de sus célebres transmisiones, que en los años 50 hacía en unos discos negros inmensos y que posteriormente pasaron a cassettes que hoy, gracias a la tecnología, se encuentran digitalizados, pudiéndolo  tener muchos hípicos que lo tienen  en la mente de quienes Ferrando hizo emocionar. 

FERRANDO Y SUS MEJORES TRANSMISIONES

Pueden y de echo fueron muchas, pero hubo clásicos para el recuerdo que quedaron grabados y que pareciera que se corrieran “ayer” cuando uno escucha la voz de Ferrando.
La Copa de Pertinaz y Guignol; El Presidente de la República de Río Pallanga, El Derby Nacional de Pamplona; El Grau de Parsing y Pamplona; El Jockey Club de Propina y Tolpán, La recta internacional de Flor de Loto en Palermo, y en el mismo lugar, el triunfo de Santorín, y su hijo Galeno; pero también el de Antinoo en Buenos Aires y el de Maidenform en La Plata, que fueron transmisiones de primera calidad y con el inconfundible sello de Ferrando.

Entonces el legado de Ferrando, con sus virtudes y defectos como todo ser humano, a la hípica peruana fue ese: enseñó hípica; la sacó de sus cuatro paredes, hizo que mucha gente supiera donde quedaba el hipódromo y entendiera lo linda que son las carreras de caballos. Todo este legado, durará por siempre.