ARRABAL, UN CAMPEÓN

Para poder hablar de este Arrabal tenemos que remontarnos al domingo 2 de Julio de 1967, hace casi 49 años, cuando se corrió el Gran Premio Internacional Jockey Club del Perú en el hipódromo de Monterrico, que contaba con la presencia de caballos argentinos, chilenos y de un solo peruano, que era Arrabal.
Una hora antes en la milla internacional, Mareadora, una corredora castaña chilena, ya le había ganado dramáticamente a Mario, en tanto que Mister Titi, Adamita y Cortina completaban el marcador. Y en la cuarta carrera de aquella famosa reunión, Aristeo, Figurín, Darico y Defensora habían dominado la recta del Gran Premio Internacional América dejando quinto al argentino Tarrito, en medio de un lote de doce competidores.
¿Pero qué había sucedido en las cuatro y media de aquella tarde?. Algo que estaba en los cálculos de la mayoría de aficionados:
1. Que los velocistas peruanos pelearan la recta internacional, por más que habían dos caballos argentinos importantísimos en la partida, que eran Caro Figlio, confiado a Justo Torres y el mencionado Tarrito. Recordar que ya Dardanus en el 64 y el mismo hijo de Datour y su hermana Bloody Mary habían ganado un año después, desde 1961 aquí en Lima, los caballos argentinos y chilenos habían superado claramente a los nacionales.
2. Que la milla era muy difícil para los de casa, cosa que se confirmó. Terremoto y Terrón, los mejores nacionales, llegaron sexto y séptimo, tras Mareadora (chilena), Mario (argentino), Mister Tibi (conducido por Juan Camoretti que si no se mancaba, hubiese ganado fácil), Adamita y Cortina (las dos chilenas), aclarando que Cortina y Mario corrían por los colores peruanos del Quaker State y Mario Matta respectivamente.
3. Que había esperanza pero que todo iba ser muy duro, en el “Jockey Club del Perú” y sus 2400 metros. Arrabal además, era el único peruano de la carrera.
Los argentinos eran Gobernado, aquel famoso caballo que sin mayores pergaminos que había costado muy poco y que había dado el gran batacazo de la temporada del 64 en Palermo y san Isidro cuando se levantó la triple corona con Camoretti en sus controles y Remi Martin.
Pero también lo eran Beaufort, El Comando, Brandal, Corredor, Olmaden y Building, que defendían colores peruanos. Y los chilenos eran Alibella y Ben Gurión, llegados especialmente a Lima, y King Forest que defendía los colores del Barlovento. A todos ellos, les ganó Arrabal corriendo demoledoramente en la punta con la monta del extraordinario jockey Ricardo Cárdenas y ante el júbilo de los aficionados peruanos. Ese Arrabal, convertido en un “tanque” por el recordado preparador Erasmo Quiñones, fue capaz de correr los 2400 en 2’28”3/5, un tiempazo.
Arrabal había escoltado a otro corredor como Daubigny en la Polla de Potrillos de 1966, había luego ganado el Ortiz de Zevallos como un verdadero campeón sobre Terremoto, siempre con Cárdenas en sus controles y dándose el lujo de dejar fuera de poste a cinco competidores, Aristodemo, Jal Silver, Sota, Disraelí y Puerto Nuevo.
Luego Arrabal se consagraba como el mejor producto de su generación cuando vencía por sólo una cabeza a Lóriga en el Derby Nacional, en medio de 300 metros finales de infarto cuando Lóriga parecía el seguro ganador, ya que había dominado a Terremoto, apareciendo Arrabal por fuera dándole caza al corajudo hijo de Oak Ridge. Adicionar que este triunfo tuvo doble mérito, ya que Arrabal terminaba la competencia con varios cortes, cuando en el poste de los 1000 metros, fue estrechado sobre la baranda.
A sus siguientes lo ganaron en Asociación de Propietarios y el Prado, llegando la curación que era necesaria. Y en 1967, volvió sano y lleno de energías cuando se impuso sobre Terrón en los 2000 metros de la Asociación de Mutualistas de Profesionales del Turf, quedando “justo” para este internacional. Gran corredor, que era manso y muy fuerte, necesitaba presión y hasta que “aguanto”, pudo ser un campeón.
Arrabal luego, fue padre de Asombro, ganador del Derby e hijo del lujoso Armagnac y Sister Street, que defendió las sedas del stud Ica del recordado y destacado turfman Luis Olaechea Dubois propietario también del haras Chilcal en donde nació y se crió. Y tras esa extraordinaria demostración de capacidad corredora, ingreso de lleno a la historia de la hípica Peruana.