"EL CONEJO" LUIS RANILLA

En los últimos meses de 1974, cuando Gonzalo Rojas dominaba las estadísticas de jinetes y Arturo Morales lo seguía, comenzó a correr un aún joven aprendiz que se llamaba Luis Ranilla Linares.
En el 2001, 27 años más tarde, cuando parte a los Estados Unidos, Luis Ranilla era ganador de cerca de 1800 victorias. Ya era un jinete cuajado y ganador de muchos de los mejores clásicos del calendario. Y además una parejísima campaña que se fue haciendo cada vez más importante con el lapso de los años.
Tras ganar 11 carreras aquel 1974, el año en que Biógrafo derrotó al argentino Good Bloke en el Gran Premio Internacional Sesquicentenario de las Batallas de Junín y Ayacucho, el 8 de diciembre, Ranilla ganó 20 carreras al año siguiente y en el 76' ya se hizo jinete y comenzó a meterse de lleno en los primeros lugares.
Tan fue así, que en 1977 llego quinto, superado tan sólo por Gonzalo Rojas, Franco Gallo, Aníbal Prado y Arturo Morales. Al año siguiente subió un peldaño “viendo de cerca” a Gonzalo Rojas, Aníbal Prado y Melanio Rojas, quien se integraba asimismo a los primeros lugares.
A partir de ese momento, Ranilla se ubicó casi permanentemente entre los cinco jinetes más ganadores de Monterrico por varios años, a tal punto que fue dos veces segundo, en 1980 cuando escoltó a Melanio Rojas con 137 carreras ganadas, como en 1983, cuando siguió a Julio Pezúa con 149 triunfos. Bajo su serena mano fueron pasando una serie de animales de primer nivel.
Sabino, un hijo de Cocodrilo del stud Montevideo, ganó todo lo previo a la Polla de Potrillos y la propia Polla, bajo su mano. Ya en esos años era también el jinete de Dublín, gran ganador clásico con las sedas del stud Santa Marina y también de Anid con el cual estuvo a punto de ganar el Gran Premio Internacional América en Palermo, en abril de 1981 cuando cayó escasamente por pescuezo del crack argentino Osorno en medio de una gran carrera. Ranilla también condujo a Lady Embassy y a Satánica, dos yeguas de primer nivel de los años setenta.
Poco después, Luis Ranilla llegó a montar a Syros, un fino castaño que alistaba Erasmo Quiñones. Posteriormente, llegaron la Polla y el Ortiz de Zevallos y la inminencia de un Derby Nacional que no se dio, cuando Ophyusca se hizo de la punta y se llevó los honores. Ya era 1985.
Poco después llego la Polla de Potrancas con Dimona, que llegó por fuera en un lote numerosísimo de potrancas y alcanzó una aplaudida victoria y también pudo ganar una carrera de estilo conduciendo a Orizzonte, el corredor One Moment del San Siro, en la Copa de Oro de 1989. Orizzonte venía entre los últimos en una carrera que se hizo violentísima y apareció como una exhalación y se quedó con todo, sacando a relucir además su enorme valentía.
En ese 1989, Ranilla figuró cuarto con cerca de 90 carreras ganadas, cuando ya los nombres de los jinetes líderes habían cambiado. Fue la temporada en la cual Jacinto Herrera alcanzó las 235 victorias y dejó segundo a Edwin Talaverano y tercero Horacio Barbarán.
Ya en los 90's, aparecieron El Ninja y también Janfranco, como los caballos más queridos por Ranilla. El primero ganó muchos clásicos en el césped cuando ya sereno, Ranilla lo “dormía” en los tramos iniciales y el castaño llegaba entero a los últimos 500 y aparecía con una respuesta ligera y muy capaz de ganar carreras. En 1990, El Ninja con Luis, le ganó un carrerón a Westbury con Edwin Talaverano, en el Miguel Checa. En el 91' lograron el Pedro García Miró y se clasificaron al Latinoamericano que fatalmente para el castaño del Hobby, lo corrió totalmente arrebatado.
Con Janfranco, fue el sereno y experto jinete en el Ortiz de Zevallos y un inolvidable y sensacional Derby Nacional de 1994, así como de Milfordheaven, en el mejor momento del hijo de Mashhor Dancer y de Kariuky, con quien ganó un estupendo clásico Fiestas Patrias.
Hoy, 42 años después de su debut, sigue derrochando calidad en los Estados Unidos, ganado muchas carreras en Fonner Park, Grand Island – Nevada.
Vale el recuerdo para un gran jinete, que no sólo demostró ser un gran profesional, sino que tiene dotes de gran persona y por sobre todo, que sabemos que hay Luis Ranilla para rato, dejando el alto el nombre de nuestra escuela.