JINETES DE LUJO PARTE I


Antes de empezar estas líneas, quiero agradecer profundamente a Don Óscar Gastañeta por su colaboración indesmayable e desinteresada para enriquecer esta crónica y por su puesto, a mi padre Carlos y mi tío Miguel, personas que me enriquecieron con sus conocimientos hípicos:

Los años sesenta, que propiamente debemos establecerlos a partir de la inauguración de Monterrico, o sea, casi a comienzos de 1961, ubicaron cronológicamente a tres figuras a las cuales podemos calificarlas de excepción.

 A fines de ese año y a comienzos de 1962, llegó a Lima el chileno Pablo Alquinta e impuso su estilo sobrio y ganador. Año medio más tarde, hicieron su aparición los integrantes de una gran promoción de jinetes nacionales, los cuales estuvieron encabezados por Arturo Morales, ciertamente chileno de nacimiento pero peruano de aprendizaje, y en 1965 hizo su aparición otro gran jinete chileno de cartel, que se llamó Sergio Vera.

Fueron ellos los que encabezaron una lujosa lista de muy buenos jockeys, que alternaron con los que vinieron de San Felipe, encabezados por Antonio Vásquez y otros, quienes se afirmaron en esos años, como en los casos de José Valdivia, Mario Mendoza y luego Jaime Garrido.

Y esta lista, a la cual hacemos mención, la integraron también Juan Walter Castellanos, Ricardo Cárdenas y Óscar Gómez, de la misma promoción de Morales, y luego Antonio Aburto como singular estrella de su año, y posteriormente, en Buenos Aires, Víctor Rolando Centeno.

ALQUINTA Y UN EXCELENTE RENDIMIENTO. "EL REY DE LA RECTA"


Alquinta llegó al Perú como estrella en Colombia, país al que había arribado años antes, porque también había sido figura en los Hipódromos chilenos. Usaba guantes, algo inusual totalmente en esa época, no por pose sino para protegerse la palmas de su manos que como cuentan, las tenía delicadas.

Se apilaba con enorme facilidad en cualquier caballo, fuera grande o chico, mansurrón o rebelde, y ciertamente lo sabía llevar con un tacto que lo hizo grande. Y además, como lo dicen entendidos de aquella época, pegaba diferente a las estrellas que conocíamos. Era muy conocido por ser un ganador.
Y así, Alquinta se encaramó muy pronto en la primera fila, asumiendo al liderato de las Estadísticas, que dominó por varios años, con excepción de la del 64, cuando el gran momento y el tremendo profesionalismo de José Valdivia lo dejara en el segundo lugar.

Alquinta, a diferencia de Guillermo Silva, no era amante de los palos y por ello perdió carreras que debió ganar, pero ganó muchas, y algunas muy difíciles, porque administraba con enorme facilidad a sus conducidos. Me comentó mi padre, un enamorado de la hípica: “una vez hizo correr en punta, porque lo supo llevar y no lo contrario, a un caballo que corría de atrás que se llamaba Narcise Chic, y liquidó la carrera ante la sorpresa de todos”. Y también fue el jinete que se comprendió a la perfección con
Brandal y creemos también con un caballo que fue muy querido por todos en aquella época como fue Ojo Mágico.

Y con el pasar de los años, ya cuando había mermado un tanto, y cuando decidió no arriesgar nada, se dedicó prácticamente a dominar la recta y lo hizo con una suficiencia y resultados espectaculares.

Él fue el jinete de la campaña inicial de la gran Flor de Loto y cuando se la quitaron, supo ganarle con Satanás o Singular, que eran muy buenos caballos, pero inferiores a la hija de Troika, y se ganó con justicia el apelativo, nunca mejor puesto, del “Rey de la recta”.

Si piden una comparación con los grandes de los cincuentas, lo podríamos colocar, con la dificultad del caso, probablemente tras algunos de ellos. En opinión de muchos expertos, el no correr por las tablas fue una evidente contra que tuvo, haciendo un análisis estricto del problema, pero debe ser recordado como un virtuoso encima de un caballo de carrera, porque definitivamente lo fue.

VÍDEO DEL "REY DE LA RECTA"



ARTURO MORALES, UN JINETE COMPLETO. "EL ARQUITECTO"

Arturo Morales o simplemente Tulo, como lo conocieron los aficionados a las pocas semanas de salir a correr, fue uno de los grandes, no sólamente de esa década  sino que su maestría se expandió hasta finales de los ochentas, porque reunió una serie de cualidades que lo llevaron a ser desequilibrante.
Morales tuvo estilo y rigor, supo pegar con los dos brazos y cambiar la huasca con enorme facilidad. Tuvo, además, la personalidad indispensable de los que sobresalen en las duras jornadas y tuvo, así mismo, una completa gama de recursos.

Su primera carrera, o la primera especial que muchos aplaudieron, fue en la silla de Paracas, una cariblanca que preparaba su padre José Morales, cuando le ganó por cabeza a Solimar, no obstante ser un chiquillo de colegio.

Y luego Tulo saltó con enorme facilidad al primer lote y en el 64 se dio el lujo de ser el jinete de Duque, con quien se ganó el estrellato. Duque había sido un magnífico integrante de la generación de 1963, que encabezó hasta los primeros meses del 64, el gran Polaris, pero le faltaba llegar a su total consolidación. Y justo lo logró cuando Morales llegó a correrlo, y una tarde, como me  comentó mi tío, súper hípico como mi padre, se le opusieron a Pistolet y a Mario Mendoza, en medio de un enorme final.

Mi tío relata: “Duque se convirtió de pronto en el crack de las pistas, ganándose un gran “Jockey Club del Perú”, ubicándose de manera decidida desde el inicio. Fue con el pasar de los años el padre de Tenaz,  ganándose el aplauso de todos. Posteriormente un grande como el chileno Luis Alberto Díaz, quien había llegado para correr justamente a los caballos de Palma, reclamó al nuevo crack y Tulo se quedó sin su campeón, pero bastó poco para que en enero del 66 consiguiera en la apilarse en la silla de Tajón, posteriormente padre de Antinoo, en un “Gran Premio Nacional”,, como muchos lo describieron “para el recuerdo”, ya que se vino luchando cabeza a cabeza con Djalma, que iba con “Membrillo” Guajardo y que llegó de refresco, los últimos 600 metros y lo ganó por escasísimo margen. Mi tío cree que ésa fue su prueba de fuego y lo que necesitaba para consagrarse. Y a partir de ese momento, Tulo lo ganó prácticamente todo.

Hubo un caballo, muchos años después, con el que complementó de maravilla, que se llamó Trini López, un
espigado hijo de Bell Hope que alistaba su padre, que se hizo crack a los 4 años y que consiguió inolvidables victorias sobre Viareggio y Sombrero, dos gigantes argentinos del 69, 70 y 71 y comienzos del 72, en las cuales la pericia de Morales resultó decisiva.

Y así fueron llegando triunfos memorables y fueron pasando Santorín, con Pellegrini incluído, y Cabeto, en un Internacional brillante en el 76, o Rascal, cuando hizo la hazaña de ganarle a Tenaz, hasta su último Derby, cuando se la jugó por dentro con Mi Colorao, y sólo por ello, pudo ganarle a Texfina. En realidad, enumerar las victorias de Tulo es realmente difícil, puesto que las hubo de todo tipo, desde las labradas a mano hasta aquéllas en que metió todo su pulmón como aquella Polla de Potrillos en la silla de Bólido, nos tomaría mucho espacio destacarlas, y seguro cada lector que haya tenido el privilegio de poder verlo en acción, se acordará de alguna digna de resaltar.
Se graduó con altísima nota porque fue un superdotado.

VÍDEO DEL "ARQUITECTO"



SERGIO "CHECHO" VERA, UN GRANDE CON MAYÚSCULA

Mi padre, hincha de Vera, me mencionó: “Una tarde de junio de 1966 pude ver en acción a Sergio Vera en una de sus faenas que más me impresionó en su triunfal campaña de esos años”, dirigiendo a Le Voleur en el “Jockey Club del Perú”. Vera fue estrella en Chile.

Mi viejito prosigue: “Resulta que Le Voleur llegaba a la carrera con un tendón que estaba en las últimas y necesitó, aparte de su calidad, que fuera conducido con “centímetro”. Y además, que no lo alborotaran ni lo obligaran cambios de línea forzados durante su marcha, para evitar la lesión. Vera fue capaz de hacerlo y se ganó un casi milagroso Internacional”.

En ese 1966 se ganó un Clásico La Copa buenísimo, tal como narran los cronistas de la época, con Tarareadora, y en el 67, porque aún corría en Chile, se anotó una milla del OSAF con la chilena Mareadora, que como dicen fue “una verdadera obra de arte”. Y el damnificado fue Mario, el excelente hijo de Timor, que perdió en los últimos 20 metros.

Vera tuvo otras buenísimas actuaciones, por ejemplo en la silla de Trastévere y su triple Corona en el
68, cuando ya era jinete oficial del Barlovento, o con Bizarro en el Ortiz de Zevallos del 69, o con Raphael en un estupendo Derby en 1971, en otra impactante labor porque como Le Voleur, el pupilo del recordado Calquín Pianezzi necesitaba un jinete que supiera ciertamente y Vera lo hizo ganar. O como también Mitzuoko que se le adelantó a Maidenform, poco antes que la yegua peruana fuera a demostrar a Buenos Aires que era una crack con Mayúsculas. Vera no fue un súper estilista, pero desde que salió a correr en Santiago de Chile demostró que era grande. Con Maperal se ganó estupendos Clásicos antes de venir a correr a Lima, porque como mencionaba mi padre: “se apilaba muy bien, tenía tren, aprovecha todo, salía muy bien de los encierros y poseía tremenda personalidad”.

El” Maestro Checho” Vera montaba muy parecido a Guillermo Silva, tenía talla y peso ideal. Pegaba muy fuerte con los dos brazos. Sabía mucho sobre tren de carreras y siempre guardaba ”alguito” para los últimos 100 metros. Era un virtuoso. Sergio después dejó Monterrico en el año 1972, aunque parezca mentira, por las circunstancias políticas de esos años, y se despidió conduciendo a un “dupletero” como Yesolo, como para que no lo olvidaran. Luego siguió su brillante campaña en Brasil y regresa  Chile a mediados de los 80’s donde siguió siendo figura hasta el 86 o el 87. Luego de unos años, emprende un pequeño regreso en 1995, cerrando de esta manera una estupenda y agotadora campaña.


VÍDEO DEL MAESTRO SERGIO "CHECHO" VERA